PLAYA PLATANITOS, DESPUÉS DEL SUSTO VUELVE LA NORMALIDAD

    • En el olvido quedaron las 15 víctimas mordidas por las serpientes marinas; miles de gentes se bañan, pero vigiladas por pescadores

    Por : Miguel Ángel Vargas

    CRÓNICA

    Miles de gentes, en su mayoría niños, se bañan, se ríen y «charolean» bajo el intenso sol; es el regreso a la normalidad. Atrás quedaron el ataque de las víboras marinas la tarde del pasado jueves, las 15 gentes que vivieron momentos de terror en la Playa Platanitos, que dicen pertenece al Municipio de Compostela, pero el poblado a San Blas.

    Los dueños de las ramadas, en épocas de vacaciones llamados «prestadores de servicios» tienen una sola verdad: solo fue un escándalo eso de las mordidas de las viboras, fue puro mitote».

    Pero en la playa la gente se baña, pero ahí están lanchas con pescadores cuidando que los bañistas no se metan más allá de los diez metros; es la seguridad, pues.

    Enfrente de la playa la gente bajo las sombrillas, otros haciendo pozos en la arena, otros castillos, y más atrás las ramadas, ahí donde venden los pescados sarandeados, los ostiones, las tostadas de ceviche, y por supuesto, las cervezas, y los refrigeradores muestran un letrero: la cerveza, tan buena la grande como la chiquita.

    Es Platanitos, la playa que se hizo famosa de un día para otro, el destino turístico que gracias a las víboras marinas (Morenas, dicen se llaman) fue noticia nacional, y es que, no todos los días santos quince gentes viven el terror de ser mordidos cuando se bañan en las espumosas aguas del mar.

    Y más, Platanitos y sus pobladores, los «prestadores de servicios» fueron ayer visitados por el Gobernador, Echevarria Garcia, quien les dio su apoyo moral cuando anuncio: aquí no hay problema, la playa se abre a la gente, y de inmediato quitaron las banderas rojas que un día antes clavaron en las blandas Arenas de la playa.

    Platanitos ya vive otra vez lo cotidiano ; los restauranteros y demás pobladores, que para ellos nada hubo, solo mitote, están felices porque ven la cara felices de los niños que «charolean» bajo el intenso sol.




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